Escribir a dos manos.

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Una imagen de Iraya Pérez

Acabo/Acabamos de presentar mi/nuestro nuevo libro, «El elixir Curalotodo». La ambigüedad inicial no responde a una psicosis personal ni a una inquietante doblez de mi personalidad, aún no. Todo tiene que ver con la experiencia que ha supuesto escribir un libro, de principio a fin, conjuntamente con una escritora, Sandra Franco. Dos manos, dos cabezas y corazones, además de dos almas a doscientos por hora.

Una experiencia al más puro estilo de Rodari, donde ambos buscamos responder a las mismas preguntas pero desde punto de vistas diferentes.

Quizás el éxito, considerándolo así porque el libro se ha llegado a publicar, corresponde a la confianza que ambos depositamos en nosotros mismos, sabiendo que un trabajo compartido no entra en competencia sino que converge aportando lo mejor de cada uno.

No buscamos confundir ni engañar al lector. Cada uno escribía lo que tenía que escribir, como siempre se había hecho, sin la necesidad de volver sobre tus pasos para tener regresar a través de la senda marcada por otros. No. Si todo está equilibrado, escribir entre dos, es como darle al lector más oportunidades de descubrir la historia que queremos contar.

El objetivo es fundamental. Lo es que ambos lleguen al mismo lugar, aunque hayan escogido caminos diferentes.

Una experiencia inigualable que todo escritor debería de vivir alguna vez, para así, no enfrentarse solo a los miedos, y si lo haces, evitar la tentación de salir corriendo o esconderse en el pliegue de alguna página.

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