Gracias, Estrella.

animalec-grafico-daniel-martin-narradorHace ya algunos años escuché a Estrella Ortiz hablar sobre la respiración del cuento y comentar sobre la importancia, casi fundamental, de que los narradores deberíamos escuchar al público, de sentir su respiración. Tengo que confesar que no logré entender bien todo aquello, que me pareció tan complicado que llegué a determinar que realmente un narrador lo empieza a ser cuando escucha al público antes que así mismo.

Hace unos días me propusieron una sesión de narración oral. Como siempre, convengo antes de desplazarme las condiciones, desde las económicas, hasta las de agrupamientos, tiempo de la sesión, cómo va a estar el público sentado, en qué espacio, si la institución o el centro escolar tiene alguna intencionalidad con la sesión, etc.

Así quedamos, y a primera hora de la mañana de un miércoles estaba en el centro. Allí me esperaban, como me habían dicho, un grupo de unos 50 niños y niñas —en este caso más niños que niñas— de edades comprendidas entre los 6 y 8 años de edad.

Siempre preparo la sesión con anterioridad. Busco aquellos textos que supongo son los más adecuados para ese día. Es un momento muy importante ya que decides el ritmo y la atmósfera de la “contada”.

Establezco varios caminos en el repertorio, y dependiendo de cómo el grupo vaya respondiendo, opto por uno de ellos. Suelo seleccionar dos textos de inicio. Son textos que me ayudan a escuchar la respiración del grupo, a realizar una radiografía emocional. Es verdad que puedo errar. Pero también es seguro, que no hacerlo, multiplica las posibilidades que la sesión se pierda y no deje el poso suficiente cuando la acabe.

A partir de ahí decido que camino coger. Incluso marco “los saltos” que creo necesario, siempre con el objetivo de mantener una dinámica propia en la actuación, que provoque las condiciones para que la palabra sea la protagonista y el medio para conversar con el público.

Precisamente ese día, opté por varios atajos y decidí reducir la sesión, a pesar del tiempo que habíamos acordado. Al acabarla, después de dedicarle el tiempo necesario a hablar con los niños y niñas, el profesorado se me acercó y me felicitó porque según ellos, el tiempo y el repertorio que utilicé, provocaron una atención notable en unos grupos, en los que habitualmente no es muy normal que eso sucediera.

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