La reina de Turnedó

portada.fh11Será por la dilatada producción literaria de Gloria Sánchez o por la experiencia sobre el escenario del ilustrador Pablo Otero, pero a mí, «La reina de Turnedó», me traslada a un teatro para disfrutar de este divertido poema escénico. Tal vez, Cervantes, hubiera convertido «La reina de Turnedó» en un entremés.  Tiene todos los ingredientes y más: humor, ritmo, alegría, sorpresa.

«La reina de Turnedó» me recuerda también a un carnaval de personajes, que se disfrazan de sí mismos: la princesa, el dragón, la mariposa, el cuervo, el rey…

En esta historia rimada, Gloria Sánchez hila personajes y escenas a base risas, emociones y carcajadas. Es casi imposible que acabes el libro sin haber esgrimido una sonrisa. Y si no te basta con los personajes, la autora nos regala un mundo repleto de curiosas onomatopeyas. Definitivamente, «La reina de Turnedó» crea dependencia, y me encanta.

Pablo Otero siguió con el juego. Sus ilustraciones y trazos, parecen realizados por la mano de un niño que se divierte muchísimo y que sabe que nadie le va a pedir cuentas. Hace lo que quiere, la historia es una retahíla infinita, como las ilustraciones.

La historia es una retahíla infinita, hilarante.

Kalandraka vuelve a editar un texto con personajes tan absurdos como nosotros mismos, por eso, nos sentimos tan identificados y queremos seguir leyendo (o que nos lean) este álbum, una y otra vez porque…

¡Señoras y señores! ¡Niños y niñas!
¡Respetable público!
¡Algo extraño sucede en el jardín de la reina de Turnedó!

Yo entré en ese jardín, y no quiero salir de él.

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