«La tribu que apesta», un libro descarado, tan divertido…

Quiero decirles que me ha gustado muchísimo «La tribu que apesta», de Magali le Huche y Elise Gravel, publicado por Litera Libros. Reconocer también, que, aunque había podido leer a Magali de Huche («¿Miedo a la oscuridad? ¿yo?», Kókinos; «El fabuloso viaje de no-no y sus amigos», SM), no conocía a la escritora canadiense Elise Gravel.

«La tribu que apesta» es un libro muy divertido, diferente, atrevido y con un punto “gamberro”, tremendamente alegre. Una historia en donde las escenas, que se van sucediendo unas tras otras, nos llevan en volandas hasta el desenlace.

Este grupo de chiquillos que no se bañan y viven alejados del mundo de los adultos, me recuerdan a los Niños Perdidos que creó James Matthew Barrie para acompañar Peter Pan en su famosa obra.

Los personajes conectan rápidamente con el lector, sea del perfil que sea. Es difícil no encontrarte identificado con algunos de ellos:

  • o con la tribu y con el deseo de una vida en libertad y una comunidad más solidaria;
  • o con Yvonne Carré, que representa la intolerancia y la incomprensión, pero que también nos ayuda a plantearnos preguntas sobre la conveniencia o no de una sociedad más o menos estructurada;
  • o con el resto de adultos, que pasan de ser espectadores a tener una actitud determinante;
  • o con Fanette Ducoup, la jefa de la tribu que apesta, porque aunque pudiera parecer que la historia nos propone una sociedad anárquica, existen unas normas internas que le da cohesión al grupo, representada por esta niña, que ejerce de heroína, jueza y salvadora.

«La tribu que apesta», bajo mi punto de vista, nos plantea si el modelo de educación y crianza que las familias, las entidades educativas o las instituciones, proponen, es el adecuado. Los educadores advierten que son muchos los niños y las niñas sin la autonomía necesaria para desenvolverse con naturalidad, del poco desarrollo creativo, de la escasa habilidad para afrontar los problemas y darles soluciones, y no porque no sean capaces, sino porque los adultos hemos decidido controlar el mundo de la infancia hasta tal punto que hemos acotado considerablemente su capacidad de desarrollo, confundiendo las fronteras entre las competencias individuales y colectivas, entre las expectativas personales y las que tenemos sobre ellos.

«La tribu que apesta» nos anima a disfrutar de la vida, de las situaciones disparatadas y divertidas, de la naturaleza y lo natural, de nuestro cuerpo, de pasarlo bien y de compartir juntos lo que todo eso significa.

Las ilustraciones son extraordinarias. Que los niños y las niñas vayan desnudos no es casual, y refuerza el mensaje de la historia. Los colores, los trazos desenfadados y la frescura del dibujo van muy acorde con el argumento y te llevan de la mano, casi sin quererlo, para recorrer juntos «los bosques que hay al otro lado de la montaña de Grands-Pins».

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