Blog,  Un mar de libros

Los niños del mar, cuando la calle es un océano

Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

León Felipe

Yo no considero que la literatura infantil y juvenil deban de tener, necesariamente, un final feliz. Creo que la vida, la real, es una amalgama de horizontes, de experiencias, de contradicciones, de carcajadas, de melodías, de caricias, de gestos malhumorados… La literatura, entre otras cosas, sirve para mostrarnos cómo entendemos la existencia y cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Pero también tiene un carácter transformador, de dentro afuera y viceversa, da igual la dirección. Nos hace preguntas y nos proponen respuestas y nos muestra varias opciones para que luego tengamos que elegir. A veces aparece para mecernos y otras, como es el caso, para agitarnos.

«Los niños del mar» es una obra de Jaume Escala y Carme Solé Vendrell. La versión que tengo es de la Editorial Corre la Voz, aunque fue Siruela Ediciones la que publicó este álbum, por primera vez en castellano, en 1991.

Jaume Escala nos hace tres regalos nada más abrir el libro: el poema de León Felipe «Sé de todos los cuentos», la letra de la canción «Balada de los niños del mar» que el propio autor escribió en 1990 y la partitura. Estos tres elementos son un prólogo perfecto, que nos prepara y nos orienta para lo que vendrá después, que no es poco.

Según una noticia publicada por UNICEF hace casi un año, «casi 2,2 millones de niños viven en pobreza relativa» (https://www.unicef.es/noticia/la-pobreza-en-espana-tiene-rostro-de-nino). Según esta misma organización, «Las tasas de pobreza infantil en España son de las más altas de los países industrializados, sólo superadas por Letonia, Estados Unidos y Rumanía, según un estudio sobre bienestar infantil realizado en 29 países por la Oficina de Investigación de UNICEF con datos de la primera década del siglo XXI.».

Este libro es un fiel reflejo de esa fotografía social. Para esos niños se acabaron los cuentos de hadas, que parece ser deben tener un final feliz. Se acabaron los juguetes huecos porque con el hambre, el frío, la delincuencia, el sexo, los abusos, etc., no se juega.

El autor y la autora van enfrentando el imaginario de los relatos infantiles con la realidad. No destruye los símbolos y las imágenes idílicas que nos pudieran presentar esta literatura en ocasiones, sino que las traduce para que comprendamos de dónde salen y qué significan.

Tiene un final tan realista como inesperado, pero también tan esperanzador como sincero. Porque «Los niños del mar» es un libro narrado e ilustrado sin adornos, sin caretas y con honestidad.

Su lectura me recordó porqué soy maestro, porque escribo y narro, porque la literatura es necesaria y porque necesitamos que alguien nos recuerde, de vez en cuando, que los dragones existen, que las brujas y los brujos realizan hechizos para tenernos engañados, que hay palacios con rejas y que el frío y el hambre matan.

Y todo esto es literatura, de la buena, sin etiquetas: ni infantil ni juvenil ni literatura para adultos, solo #literatura.

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