«Muerto de risa», una lectura que te alargará la vida.

Suelo huir de definiciones y esquemas preconcebidos. La literatura es arte, y como tal, está para romper fronteras o mejor, para no crearlas. Por eso este «Muerto de risa» (Kike Gómez, Alex Falcón – Pirracas Editorial) me ha sorprendido tanto. No podría calificarlo como un álbum ilustrado, aunque su formato, su estructura y la narración del relato gráfico, pudiera parecerlo.

En muchas ocasiones, creadores diversos intentan dar con una fórmula que les coloquen en el centro y que capte la atención del público al que se dirige. Cada vez más me encuentro con publicaciones que intentan sorprender y captar la atención del lector buscando estrategias rocambolescas y temas oportunistas. Recuerdo hace unos años como se puso de moda los libros que hablaban de la muerte, y todos se apresuraban a escribir y a publicar sobre esta temática. Es una literatura, bajo nuestro punto de vista, excesivamente determinista, que busca un resultado urgente e inmediato y que se apunta a la moda y el entretenimiento plano, sin trascendencia y sin sobresaltos.

Estamos ante un libro que trata un tema sencillo pero esencial para la convivencia, las relaciones personales y, sobre todo, para el crecimiento personal: la humildad.

Este cuento, no de hadas pero sí de circo, tiene una estructura lineal. Las escenas se van sucediendo una detrás de otras; son sus personajes los que nos irán acompañando por la trama y narrando una historia de esas que acaban bien y nos hacen cosquillas en el alma. Aunque la historia gira en torno a Noni, payaso de profesión, él solo es una excusa, un cebo. Kike Gómez consigue que nos sintamos protagonistas y que nos veamos reflejados en el clown o en cualquiera de los personajes que aparecen. 

Alex Falcón tiene sello propio y se nota. Sus ilustraciones aportan calidez y sirven de guía para la lectura, de manera sutil y muy equilibrada. «Muerto de risa» hay que mirarlo en su conjunto. Dicen los grandes de la cocina que todo lo que se coloca encima de un plato debe poderse comer. Si me permiten la comparación, creo que todo lo que está en un libro debe estar al servicio de la propia historia y del lector. Y esto es lo que ocurre precisamente con este texto. La portada, la tipografía, los pies de página, los créditos… todo tiene una intención y Falcón consigue coherencia, mesura, armonía y proporción. 

«Muerto de risa» es también la historia de un cambio, de una transformación. La soberbia no es buena compañera de viaje. La soledad es una consecuencia. El antídoto: dar un paseo hasta la librería más cercana, hacerte con un ejemplar de «Muerto de risa», sentarte en un parque o en un lugar al aire libre, relajarte, morirte de risa y disfrutar de esta obra de Kike Gómez y Álex Falcón. Hacerlo, te alargará algo más la vida.

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