«Nina buena Nina mala».

Juliet Mickelburgh escribe de manera sorprendente y divertida la historia de Nina, una niña que quiere Nina. Las ilustraciones de Anna Laura Cantone son inconfundibles, marca de la casa, con fuerza y vigor cuando es necesario y sensibilidad y sentido del humor cuando la historia lo requiere. Como es en el caso de «Nina buena Nina mala». Las ilustraciones mezclan diferentes técnicas, creando una atmósfera y un ritmo realmente divertido.

Los adultos hemos llenado la vida de normas, convencionalismo, estructuras y un orden, que no siempre corresponde con las referencias vitales que necesita un niño o una niña para su crecimiento y su desarrollo.

Nina es una niña que está creciendo y que por lo tanto está descubriendo el mundo y aprendiendo a responder ante él. Sus acciones la marcan, como una señal, de lo que supuestamente está bien o está mal. Y eso nos lleva a categorizar, y por lo tanto separar lo que está de un lado o lo que está del otro. Es verdad que nuestro cerebro necesita de estos binomios, de poner frente a frente contenidos. Pero, marcar un niño o una niña que está creciendo y colgarle una etiqueta, es un verdadero absurdo. Y este libro nos hace reflexionar sobre este hecho con mucho humor y de manera muy divertida.

Respetar a las personas que nos rodean como son, conociéndolas y aceptándolas, sabiendo que nadie es perfecto y que tampoco es necesario, que somos todos diferentes, que esa diferencia es la que nos hace únicos y únicas, y por lo tanto es también lo que nos une.

Este álbum publicado por Edelvives también nos debe ayudar a las familias y educadores a reflexionar sobre la presión que en ocasiones ejercemos sobre los niños y niñas, para que se compartan de una manera o de otra.
La búsqueda del equilibrio personal es uno de los objetivos vitales, y parece que Nina dio con la solución.

Esta es la interpretación y narración que hago del texto:

 

 

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