Pregón por el Día del Libro. (Para gente de tres palmos, más o menos)

LIBROS ¡A VOLAR!

Libros, libritos, librazos y librillos.
¡Salgan todos del armario!
¡Abandonen las estanterías!
¡Dejen atrás los recovecos oscuros de un pasillo!
¡Invadan nuestros corazones!
Los libros tienen que moverse; no pueden estar quietos permanentemente (y no deben).
Los libros tiene que viajar de un lado para otro, igual que lo hace nuestra imaginación, nuestras alegrías. Igual que las risas suben y bajan,
el hipo suena,
las rosas huelen,
las manos acarician,
la esperanza tiene color,
el libro debe moverse.
Los libros escondidos no sirven para nada. Los libros escondidos se mueren.
Los libros escondidos se aburren, y cuando eso ocurre, también se aburre una parte de nosotros.
Tenemos que sacar a los libros de las cuevas.
Nosotros y nosotras somos los responsables.
Tenemos que sacar los libros a la luz del día o de la noche.
 A las estrellas les gustan leer. Al sol igual.
Así que levanta la piedra que alguien puso encima del libro y déjalo libre, para que vuele bien alto.
Los libro no se cansan. Los libros no tiene agujetas.
Los libros son tan fuertes como nosotros y nosotras.
¡Vivan los libros!
¡Vivan los que leemos libros!
¡Vivan los que no han leído nunca ningún libro pero están a punto a hacerlo!

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