El lobo hace huelga

Mientras leo «El lobo hace huelga» le voy poniendo voz. Es como si, en el silencio, me escuchara leyéndolo, o mejor, contándolo. Cuando eso ocurre, se produce una conexión especial con la historia. Te ves en ella, con ella. Te da igual cómo está escrita, si la traducción o no es buena, si la ilustración es más o menos común o si la edición aporta nada porque es más de lo mismo. Todo eso lo dejas a un lado. Entierras los análisis.

Te has enamorado de una historia.

Y ocurre que te vez en una biblioteca narrándola, transformándola en cuento, haciendo partícipe al público, provocando sonrisas, sorpresas… Ilusiona, resuena, la vuelves a escribir, de atrás para adelante y giras sobre ella. Le pones público. No puede ser cualquiera. Mejor que sean niños y niñas; si hay padres y madres mejor, aunque no es imprescindible. Pero si no han escuchados los clásicos… ¿la entenderán? Seguro que sí, se tragan quintas y hasta octavas partes por primera vez como si nada. Este público está entrenado… Incluso mejor… Así puedo crear la imagen que quiera y volcar en ella los elementos que desee. Porque «El lobo hace huelga» y yo con él.

Editorial Juventud
Christophe Pernaudet
Sébastien Chebret

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